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Bienvenido a nuestro blogroll: Aldana y Dino

En KAYAK hoy entrevistamos más allá del océano y nos vamos hasta Argentina. Nos reencontramos con Aldana y Dino que han tenido la amabilidad de responder a nuestras alocadas preguntas y que nos dejan, como ellos saben hacer muy bien, con una buena dosis de Magia en el Camino.

Aldana y Dino 1024x682 Bienvenido a nuestro blogroll: Aldana y Dino

Aldana y Dino, Magia en el Camino

Si no ando mal encaminada, está a punto de finalizar vuestra segunda exposición fotográfica en el Museo Fotográfico Simik (Buenos Aires).

- ¿Cómo ha ido la experiencia de “Asia y sus mundos” por segunda vez?

La muestra fotográfica estuvo muy bien, porque los comentarios que nos han llegado han sido todos muy positivos. Además, como está en un museo fotográfico, donde se dictan cursos de fotografía y donde concurren muchos especialistas en el tema, tener buenos comentarios y referencias de ellos es muy gratificante para nosotros. La idea es seguir con la muestra en otros espacios, pero más adelante.

- Para los viajeros que aún no conocemos Buenos Aires, ¿podéis decirnos tres lugares imprescindibles?

Como en toda gran ciudad es muy difícil resumir tres espacios, sobre todo cuando la variedad es tan amplia. Lo importante en estos casos, sino se dispone de mucho tiempo, es elegir de acuerdo con las preferencias de cada uno. Entre lo tradicional, sugeriría la zona de San Telmo-La Boca, la zona de Recoleta-Palermo y la zona de Puerto Madero-Plaza de Mayo. Ahora si se quiere algo diferente, me metería por los barrios como Belgrano o Villa Devoto; visitaría la feria de Mataderos o realizaría algún recorrido temático, como los literarios, los biográficos o los de arte callejero.

Pueden ver una guía con algunos datos sobre Buenos Aires en este link:

http://magiaenelcamino.com.ar/?page_id=6109

- Si el dinero no fuera un problema y tuvierais 20 días de vacaciones ¿dónde iríais?

Es algo complicada esta pregunta en la situación en la que estamos nosotros, ya que hemos decidido hacer un cambio de vida y ese cambio implica no tener nunca más 20 días de vacaciones. Es decir, que ahora estamos tratando de vivir, viajar y trabajar al mismo tiempo. Pero si estaría en la situación que me planteas, creo que en estos momentos me iría desde Buenos Aires a Tokio (que el pasaje es muy caro). Me quedaría 20 días en Japón (aunque sea poco tiempo para ese país). Dino, en cambio, se iría a bucear a la Polinesia o a hacer un safari por Kenia.

¿Qué odian los argentinos o de qué se quejan más?

Nunca nos gusta generalizar, pero creemos que la mayoría de los argentinos se quejan de todo, todo el tiempo. Digo “los argentinos” (y no me incluyo), porque una de las cosas que menos me gustan y que lo aclaro en mi presentación en el blog es “la queja por la queja misma”. Soy de la idea de que si te quejás tanto y tanto por alguna situación no vas a llegar a nada y lo único que vas a lograr es generar energía negativa y mala onda. Creo que cuando uno no está conforme con algo debe implementar las herramientas o estrategias necesarias para cambiar eso. Si al final no se puede, no importa, pero por lo menos se intentó. La queja por la queja misma no sirve de nada. Y a lo mejor, pienso, la causa de que me moleste tanto “la queja por la queja misma” sea porque es algo que siento y veo desde que tengo uso de razón. En la Argentina, en general, todos se quejan. Creo que una de las cosas sobre la que más se quejan es del gobierno. Pero no de este gobierno en particular, se quejan de todos. Aunque lo hayan votado. Igualmente, como te decía antes, es una generalización y, como toda generalización, tiene algo de falso.

- Y por último, ¿podríais explicarnos a los europeos la costumbre de beber mate por la calle? . Aunque empieza a ser normal verlo en algunas ciudades españolas, no entendemos muy bien esa costumbre.

La costumbre de tomar mate en la calle es, principalmente, de los uruguayos. En la Argentina también se ve gente caminando con el termo y el mate, pero mucho menos que en Uruguay. A lo mejor, cuando los argentinos viven en otro país, utilizan esa costumbre como un signo de identidad. En la Argentina se toma mucho, pero mucho mate, pero se hace puertas adentro o en una plaza o parque con amigos o familia. Como te decía, no es tan común ver gente en los colectivos (buses urbanos) tomando mate (aunque algunos he visto).

En los dos países el tomar mate es mucho más que una infusión, es un arte, es un ritual. En todas las casas y oficinas hay equipo de mate. Y lo primero que te ofrecen cuando entrás a una casa es si querés un café o un mate. Hay un texto, muy famoso en el país, que cuenta un poco de qué se trata. Pertenece a un periodista argentino llamado Lalo Mir. Es algo extenso, pero vale la pena leerlo y compartirlo.

 El mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca.

Pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed. Es más bien una costumbre, como rascarse.

El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.

Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es “hola” y la segunda “¿unos mates?”.

Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres.

Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros.

Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan.

Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara.

Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar. En verano y en invierno.

Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los buenos y los malos.

Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el corazón del cuerpo. Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón.

Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La gente pregunta, cuando no hay confianza: “¿Dulce o amargo?”. El otro responde: “Como tomes vos”.

Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba.

La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre.

Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no hay yerba, un vecino tiene y te da. La yerba no se le niega a nadie.

Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular.

Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres.

Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos. No es casualidad. No es porque sí. El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene alma. O está muerto de miedo, o está muerto de amor, o algo: pero no es un día cualquiera.

Ninguno de nosotros nos acordamos del día en que tomamos por primera vez un mate solo. Pero debe haber sido un día importante para cada uno. Por adentro hay revoluciones.

El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores…

Es la solidaridad de bancar esos! mates lavados porque la charla es buena.

La charla, no el mate.

Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y es la sinceridad para decir: ¡Basta, cambiá la yerba!”.

Es el compañerismo hecho momento.

Es la sensibilidad al agua hirviendo.

Es el cariño para preguntar, estúpidamente, “¿está caliente, no?”.

Es la modestia de quien ceba el mejor mate.

Es la generosidad de dar hasta el final.

Es la hospitalidad de la invitación.

Es la justicia de uno por uno.

Es la obligación de decir “gracias”, al menos una vez al día.

Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir.

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